Esta es una historia de la vida real, se han modificado los nombres y omitido algunos detalles:
Andrés tenía ya cuatro meses interno en una clínica de su ciudad, y aun sin ver mejoras, los médicos administraban medicamentos, le hacían exámenes, tenían nuevos diagnósticos, sin embargo nada de ello le aliviaba y entre la opinión de muchos especialistas, de sala en sala los días veía pasar.
En una de esas tantas noches cuando el dolor se apoderaba de su cuerpo y tolerar su padecimiento era imposible, Andrés pedía ser levantado, ¿cómo pues podía solicitar tal cosa? Sin duda alguna su deseo de tocar el suelo era mayor, no había dolor que frenara sus intenciones.
Acuerpado por el calor y respaldo de su amada esposa Laura, después de algunos intentos logró levantarse, y con gran dificultad sobre sus rodillas se incorporaba, Laura en su asombro, sin titubear con amor y devoción lo ayudaba.
Para su sorpresa, él no buscaba otra cosa que postrarse y rendir adoración a su único Rey y Salvador Jesucristo, con sus rodillas sobre el piso alzó sus manos y entre palabras cortadas comenzó agradecer al Señor, cantaba y le adoraba por sus misericordias, y sus obras.
El no pedía nada a Dios, a penas agradecía, él no reclamaba mas sus palabras eran alabanzas, ni siquiera consuelo buscaba; si esas serian sus últimas palabras, el quería usarlas para alabar a aquel que un día había dado todo por él.
Entre el silencio de aquellos cuartos de hospital, una voz se escuchaba, lo que hacía que quien cerca estuviera, podía oírlas. No paso mucho tiempo cuando Andrés y Laura tenían compañía, uno de los enfermos que ocupaba el cuarto del lado, velaba en aquella fría noche y al escuchar las voces cantar, fue movido a presenciar.
Al entrar al cuarto manifestó su asombro, por tal escena, ¿cómo pues un hombre cuyo cuerpo el dolor helaba, podía mantener calor en su alma?
Estas podrían ser sus últimas palabras, con esto en mente Andrés comenzó a hablar de aquel DIOS que había muerto por sus pecados en la cruz y quien hacía 45 años le había llamado a servirle, y que hasta el día de hoy todo cuanto había prometido, cumplido estaba, al escuchar, el visitante no pudo contener las lágrimas, y en la angustia de su enfermedad el mejor tratamiento recibía.
Desde aquella noche la vida de aquel hombre cambio, hoy tenía claro que la medicina para su enfermedad estaba a su alcance, y que aunque su cuerpo un día llegase a quedar helado, su alma podía mantener el calor.
Eran las cuatro de la mañana, cuando el dolor sobre su cuerpo le acongojaba, el latir rápido de su corazón le agobiaba y entre la ansiedad y la confusión de sus pensamientos, su alma velaba, mas al Señor su DIOS toda la gloria Andrés daba.
Enseñanza:
Debo admitir que cuando yo escuche sobre lo sucedido aquella fría madrugada, me fue imposible contener las lágrimas, de una manera sorprendente me impresionó la pasión de un hombre, quien aun estando en una situación de enfermedad tan difícil, no ambicionaba nada a su beneficio.
El solo buscaba adorar, agradecer, dar alabanza y gloria a aquel DIOS que había sido fiel a sus promesas y que todo cuanto había prometido había cumplido.
Bendeciré al Señor en todo tiempo; mis labios siempre lo alabarán. Mi alma se gloría en el Señor; lo oirán los humildes y se alegrarán. (Salmos 34:1-3)
Andrés tenía varias opciones:
- Quedarse a esperar el tiempo de DIOS y no estaba nada mal ser paciente
- Levantarse y clamar para que DIOS tuviera misericordia y le sanara, era lo que mas estaba necesitando
- Postrarse y adorar la soberanía y autoridad de DIOS sobre su vida.
Sin embargo Andrés tomó esta última, humanamente la menos rápida y segura, la que no encajonaba a su necesidad inmediata, pero si la opción capaz de marcar vidas.
El sacrificio que te agrada es un espíritu quebrantado; tú, oh Dios, no desprecias al corazón quebrantado y arrepentido. (Salmos 51:17)
La vida de Andrés no solo marcó a Laura en aquel momento, sino también a un hombre que se encontraba interno y que al escuchar, y presenciar la actitud de Andrés, le fue imposible no creer que había un DIOS interesado en su vida.
La vida de Andrés también me marco a mí, y me hizo pensar ¿me es difícil agradecer a DIOS en los problemas? O con facilidad, ¿de mi boca salen palabras que le alaben? ¿Puedo recordar las obras que DIOS ha hecho por mí o me es más fácil concentrarme en lo que aun no lo he visto hacer?
El pasado 17 de Mayo Andrés pasó a la presencia de nuestro Señor, sin embargo aquel hombre del cuarto del lado, fielmente se reúne en la iglesia para alabar y glorificar al DIOS de Andrés.
¡Y en cuanto a mí, a cada mañana recuerdo la pasión de aquel hombre y con ella el reto a mantener el calor por el Evangelio!
Dios te bendiga!!
Autor: Anajansi Alvarado
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