Una Pequeña Gran Evangelista

Will_liki Por Will_liki | El 29 de junio de 2011

No importa que edad tenga si acepto a Jesucristo como su Salvador, puede testificar  cuando tenga la oportunidad.

Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza. 1Timoteo 4:12

El ejemplo que quiero dar es una muestra de la actitud que debemos tener cuando ya tenemos el regalo de salvación de vida eterna.

Esta es una historia que nos cuenta una escritora Allegra McBirney

El evento me lleno de mucho gozo que no podía dejar de compartirlo con otras personas –incluyéndole a usted ahora.

Todo comenzó cuando marianita confió en el Señor Jesús como su Salvador.

Si, ella tenía solo cinco años – y algunos podrían pensar que este compromiso, que es de por vida, nunca podría ser hecho por una persona de tan corta edad.

Pero para Marianita fue verdadero compromiso. Ella sabía que había pecado – Dios se lo había hecho sentir muchas veces en su conciencia— y ella creyó con su corazón que el amado Señor Jesús era verdaderamente el Hijo de Dios y que Él había muerto en la cruz para pagar por aquel pecado, y que había resucitado.

Entonces, un día, Marianita le pidió a El que fuera su Jesús…. Que la perdonara, y que entrara en su corazón y en su vida y la salvara.

Cualquiera que estuviese dudas de esta conversión, tendría solamente que estar cerca de Marianita para convencerse de que UNA NIÑA TAN PEQUEÑA PUEDE VERDADERAMENTE EXPERIMENTAR UNA CONVERSION TAN REAL Y TAN VALIDA COMO LA DE UN ADULTO.

Cristo radiaba absolutamente a través de su corta vida… aun en tiempo de crisis.

Y uno de estos momentos de crisis se presento una tarde cuando Marianita tuvo un accidente.

Ella estaba sufriendo un dolor casi inaguantable cuando fue llevada al hospital. Y entonces, ella oro, pidiéndole al Señor Jesús que le quitara aquel terrible dolor.

Inmediatamente una paz absoluta vino sobre ella – porque el dolor había desaparecido completamente.

Bueno, al llegar al hospital, la llevaron a la sala de emergencia y la colocaron sobre la mesa para examinarla.

El doctor que estaba de guardia comento que Marianita era una niña muy valiente, que ni siquiera había llorado aun estando tan mal herida.

“oh, no es que yo sea valiente”, se apresuro a responder. “Es que yo he orado, y le he pedido a Jesús que me quite el dolor – ¡y El lo hizo!”

“Me temo que yo no sé mucho acerca de Jesús,” dijo el doctor mientras curaba a Marianita.

“Bueno, usted ve, El es el Hijo de Dios, “le informo ella prontamente. “Y El bajo de cielo para poder morir en pago de todas las cosas malas que nosotros hacemos.” Hizo una pausa. “Estas cosas malas se llaman pecados,” continuo explicando… en caso de que el doctor no supiera.

“Doctor, si usted confía en Jesús, y le acepta en su corazón, ¿sabe usted que El le llevara algún día al cielo- y usted no tendría que ir al infierno en pago de sus propios pecados?”

El doctor procedió a vendar la profunda herida de Mariana, asombrado de no había llorado ni se había quejado durante la curación.

Cuando el doctor termino el tratamiento ella le miro a los ojos con una expresión de preocupación en su carita.

“Doctor,” le dijo, “¿le ha pedido usted alguna vez al Señor Jesús que sea su Jesús?”

El doctor negó con su cabeza. “No, querida,” dijo pensando. “Me temo que no… tu sabes,… nunca sentí la necesidad de hacer eso.”

“Oh, eso es muy importante”, dijo Mariana. “Usted si desea ir al cielo, ¿o no?”

Bueno, a pesar de la mirada crítica de la enfermera que estaba parada al lado del doctor asistiéndolo, el doctor fue muy sincero en su contestación. “Si Mariana,” le dijo, “yo si deseo ir al cielo.”

“Entonces Señor doctor”, dijo la niñita, “yo le voy a ayudar a orar y a pedirle a Dios que le salve. Ahora repita después de mi, y Jesús sabrá que esta es su oración… ahora doctor, cierre sus ojos y diga, “Amado Jesús, yo he hecho muchas cosas malas, pero estoy realmente arrepentido.”

Ella hizo una pausa, y –¡van ustedes a creer que el doctor repitió cuidadosamente todas las palabras de Marianita!

Continúo Mariana con la oración. “Amado Jesús, ven a mi corazón ahora mismo y lava mis pecados.” Hizo otra pausa y concluyo, “por favor se mi Jesús, y llévame al cielo algún día. Amén.”

Y el doctor con evidente emoción, repitió bajito el resto de la oración.

“Ahora, ¿sabe que doctor?” dijo Marianita triunfante, “¡USTED YA LE PERTENECE A EL!”

Y con esto, termino la curación- tanto física como espiritual; la niñita fue a reunirse con sus padres que estaban esperándola en la antesala.

Y el caso concluyo.

Pero, ¿concluyo de verdad?

A la mañana siguiente el teléfono sonó en la casa de Marianita.

Su madre contesto, y se sorprendió de saber que era el doctor que había tratado a Mariana la noche anterior.

“¿Le conto su niñita lo que hablamos en la sala de emergencia anoche?” pregunto el doctor.

“No…”dijo ella, con mucha curiosidad. Y entonces, el doctor le conto, en detalle, como Mariana lo había llevado a Cristo.

También él le explico que esa noche había sido la última noche de su carrea medica, pues a partir de esa fecha él se iba a jubilar y que si el accidente de Mariana hubiera sido un día mas tarde o si no hubiera sucedido –  él no hubiera tenido el privilegio de llegar a conocer a Cristo como su Salvador.

Bueno, la madre de Mariana- con lagrimas en los ojos – compartió con el doctor un versículo de la Biblia que había sido siempre muy especial para ella: Romanos 8:28- el hecho de que todas las cosas les ayudan a bien a los que aman a Dios… aun en un accidente tan penoso sucedió a una niñita cristiana, de cinco años, que amaba a Dios.

Bueno, antes de terminar la conversación, el doctor le dijo a la madre que le diera cariño a Mariana y que le dijera que iba a salir de viaje alrededor del mundo, para celebrar su jubilación.

Al día siguiente tuvieron otra llamada- esta vez no del doctor, sino de la enfermera que había asistido en la sala de emergencia la noche que Mariana había estado allí.

La enfermera hablo con Mariana, mientras su mamá, escuchaba con mucha curiosidad en otro teléfono.

La enfermera se identifico, y le explico a la niñita que ella se había enojado mucho cuando Marianita había orado con el doctor en la sala de emergencia, pero que desde entonces no había tenido un momento de paz porque sabía  que ella también era pecadora, que necesitaba el perdón de Dios y que si, ella también, deseaba ir al cielo algún día.

La enfermera le pidió a Mariana que orara con ella, en la misma forma como lo había hecho con el doctor.

La madre de Mariana entonces escucho a su hijita decir la oración y cómo la enfermera también recibió al Salvador.

Pero todas estas cosas aun no completan las cosas maravillosas que Dios llevo a cabo a través de una niñita, y su visita al hospital.

Semanas después Marina recibió otra llamada telefónica- esta vez desde Europa.

Era el doctor, quien le conto que él había llevado a su esposa y a otras dos personas a Cristo, durante esas pocas semanas.

Unas pocas semanas después, recibió otra llamada también del doctor. Esta venia desde Suiza –pero Mariana no estaba en casa y su madre contesto la llamada.

“Tan solo dele a su hija una gran abrazo y un beso de mi parte,” dijo el doctor; “y dígale que ya he llevado a 13 personas al Salvador, desde que salí de los Estados Unidos- y todo porque ella lo compartió conmigo…”

Esta es como mencione en un principio, una historia real de una niña de cinco años y de su precioso Salvador, a quien estaba ansiosa de compartir, aun en una situación en la cual muchos adultos la hubieran considerado muy inapropiada.

Pero más aun, es la historia real del mismo Salvador y de su realidad, aun en el corazón de una niña de cinco años y su amor y su poder salvador en todos corazón que desee recibirlo.

Bendito Jehová Dios,… El único que hace maravillas. Salmo 72:18

Dios le bendiga

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